Acepta el mundo vibrando en la frecuencia del amor

Es trascendental “el sentir”. Abrir la puerta interna ahí donde reside el corazón, el amor, y la conciencia, todo lo que hagamos desde el corazón, es un rocío que refresca el Espíritu que vino a trascender. Sí no nos atrevemos a sentir, estaremos evitando que el corazón se abra, porque la razón ejerce gran poder sobre el sentir, y la razón nos cuestiona, nos hace pensar que nuestras decisiones fueron inconexas o alocadas, pero al mirar hacia atrás, vemos que tenían un propósito, pues estaban unidos por esos hilos invisibles para los ojos de la mente, que solo el corazón es capaz de contemplar, y comprender.
Activemos el hemisferio derecho, la energía femenina y el corazón. Ya sabemos que el hemisferio izquierdo es el lógico, el que controla el verbo, la palabra, lo concreto, mientras que el derecho es el “artístico”, el de las sensaciones, las intuiciones, lo sutil, lo femenino… Cuando esto empiece a suceder, empezaremos a vibrar en la Unidad, pues sí solo trabajamos con el hemisferio izquierdo, la energía masculina y la mente, no nos será posible volar, es algo así como intentar volar sin  tener alas.
Necesitamos integrar el funcionamiento de los dos hemisferios, para que las energías refinadas se manifiesten con mayor intensidad. En la medida que nos conectemos todos con todos, veremos al otro como un espejo, como un reflejo de nuestra luz y esa visión será suficiente para dar un vuelco en nuestras vidas porque al fin comprenderemos que sí marginamos, criticamos, agredimos, ignoramos, juzgamos, no hay otro al que se lo estemos haciendo más que a nosotros mismos. Cuando se abre el corazón como una flor para sentir, nos vamos armonizando de manera natural, y podremos volver a la esencia.
Ejercitar el sentir, es una experiencia enriquecedora, y va unido íntimamente a la vivencia. Podemos sentir con los sentidos que nos fueron dados, pero hay otro sentir, más refinado, más sutil, más elevado, y es el sentir con el corazón, ese sentir nos procura energía, sensaciones indescriptibles, serenidad, placidez, paz, porque el corazón tiene una forma de sentir muy especial, al corazón, no se le escapa nada.
Aunque estemos confundidos, confusos, aturdidos y la razón sostenga lo contrario, el espíritu sabe que detrás de un temor, de la impotencia, el llanto, y el dolor, nos espera un renacer. Las vivencias más fuertes, nos conducen a la fe, nos hacen más comprensivos y de ellas salimos más fortalecidos